Quiche con masa sin gluten y verduras salteadas.-

jueves, 28 de enero de 2016



La semana pasada la empresa de Conasi, vive la cocina natural, se puso en contacto conmigo para proponerme ser colaboradora suya. Me puse tan contenta que respondí inmediatamente que sí, pues me parece una forma estupenda de contribuir a difundir la alimentación sana, ecológica y de calidad.

Productos por cortesía de Conasi

Ellos me han enviado un lote de productos que están a la venta en su página web, a cambio de que yo publique algunas recetas elaboradas con ellos y cuente mi experiencia, qué me han parecido y si los volvería a comprar. Sin duda alguna, todos los productos que ofrecen me encantan, pues ya había hecho una compra hace mucho tiempo en su página; adquirí el Spirali y algunas otras cositas, como semillas para germinar que me encantaron. Con esta estupenda maquinita he realizado algunas recetas que ya podéis disfrutarlas en el blog, desde hace mucho, como los spaghetti de calabacín o los de zanahoria

Uno de los productos que había visto en su página y tenía muchas ganas de probar era la harina de teff, y fue, precisamente, de los que estaban incluidos en el lote. Así que aquí la tenéis recién abierta y dispuesta a convertirse en una deliciosa masa para quiche.

Imagen de Internet
El teff es un cereal consumido desde hace cinco mil años en África por la población etíope. Se cree que su nombre deriva de la palabra "perdido" debido a su pequeño tamaño- tres mil granos sólo pesan 1 gramo, haciendo de este cereal el más pequeño del mundo. 
Lo más importante de la harina de teff es que no contiene gluten, por lo que es ideal, combinado con otras harinas, para realizar repostería, postres, pizzas, o tartas vegetales, como ha sido hoy mi caso, para personas con intolerancia al gluten o celíacos. 
Esta quiche me ha fascinado desde el primer mordisco, pues la masa está espectacular de sabor, aunque la textura al hacerla no sea la normal a la que estamos acostumbrados; pues es una masa quebradiza, pero a su vez fácil de amoldar con las manos. Os animo a ir introduciendo de vez en cuando en vuestras dietas estos productos quizás tan insólitos, pero a la vez tan beneficiosos para nuestro organismo.

Ingredientes:
Para la masa
- 120 gr de harina de almendras.
- 1 cucharadita de sal rosa del Himalaya (o sal marina).
- 1/2 cucharadita de hierbas provenzales secas.
- 1/4 cucharadita de pimienta negra molida.
- 80 ml de aceite de oliva virgen extra (primera prensada en frío).
- 60 ml de agua mineral con gas muy fría.
Para el relleno 
- 1 taza de hummus casero.
- 1 cebolla roja a juliana.
- 1 berenjena a medias lunas.
- 15 o 16 tomates cherrys, cortados por la mitad.
- Aceite de oliva, sal y orégano seco.




Preparación:
  • Comenzamos haciendo la masa: en un bol grande mezclamos la harina de teff, la harina de almendras, la sal y las hierbas provenzales. Mezclamos y reservamos.
  • En otro bol pequeño mezclamos el aceite y el agua mineral con gas y batimos con un tenedor hasta que la mezcla sea blanquecina y más densa.
  • A continuación, vertemos el líquido sobre los secos y mezclamos con un tenedor. Después usamos las manos hasta formar una masa, La masa en este punto no tendrá una consistencia homogénea, sino que parecerá desmenuzable, y esto es exactamente lo que buscamos.
  • Ponemos la mitad de la masa en un molde de tarta sin engrasar con un fondo extraíble o en un molde como el mio de cristal y un papel de horno, para después poder sacar mejor la tarta.
  • Entonces, suave y uniformemente, presionamos la masa en el molde con la mano, hasta los bordes. Cuando necesitemos más masa para reforzar un lado de la tarta o para remendar un agujero, simplemente ponemos un poco más en el molde. Cuando la base para la tarta esté preparada, la pinchamos con un tenedor y ya la podemos hornear. 
  • Horneamos la base de la tarta durante 12 minutos a 200º C. Se pueden producir algunas grietas, pero eso es normal. Dejamos que la masa se enfríe un poco y ya la podemos rellenar.
  • Para rellenarla untamos una capa de hummus sobre la base de nuestra quiche y encima iremos poniendo las verduras que, previamente, habremos salteado una a una y por separado en una sartén a fuego fuerte con un poco de aceite y orégano. Esta cantidad de verduras quizá sea mucha para vuestra quiche, pues mi molde, al final, se quedó un poco pequeño, pero si os sobran verduras salteadas estarán deliciosas para combinar en una ensalada o en cualquier otro plato.
  • Una vez que tenemos la tarta o quiche rellena, ya estará lista para comerla, o bien, la podemos introducir unos 5 o 10 minutos en el horno para que se caliente bien y disfrutarla.

Esta receta está adaptada del blog Beard & Bonnet.





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Frijoles con chorizo vegano y un toque de ají amarillo.-

lunes, 25 de enero de 2016




El ají amarillo es quizás una de las señas de identidad más autóctonas de la gastronomía peruana. 

Estos que veis en las fotos han crecido en el huerto de mi padre en Sevilla; sí como lo oís (o mejor dicho como lo leéis) en Sevilla. Pero las semillas han venido directamente desde Perú. Se las regaló el suegro de mi sobrina Beatriz a mi padre el verano pasado. Él las plantó sin saber muy bien qué iba a salir y crecieron dos plantas cargadas de "pimientitos amarillos" como los bautizó mi padre. 

Pobrecito... no sabía, o no se acordó que aquel bonito pimiento picaba muchísimo y lo cogió directamente de la planta y le dio un buen mordisco y pudo comprobar en sus "propias carnes", mejor dicho en su propia boca, cómo le ardía el condenado fruto... jajaja!



Confieso que yo no soy nada de picante, no me gusta para nada, pero este ají tiene una muy buena particularidad... si lo abrimos con cuidado por el centro y a lo largo y le retiramos todas las venas y las semillas interiores, no picará tanto, es más no picará apenas nada y, sin embargo, aportará un carácter muy personal a todos los platos en los que los usemos. 

Una advertencia: os recomiendo usar guantes al limpiarlo, pues es tan potente que si después de haberlo limpiado, si no os acordáis... os pasáis la mano o los dedos con los que lo habéis estado manipulando por la cara, la boca o los ojos... os arderá (os lo digo por experiencia).



Una vez abiertos y limpios yo también los paso por el chorro de agua caliente o se pueden escaldar en agua hirviendo y así acabarán de soltar toda su bravura... pero no os paséis demasiado, pues si no ... no sabrá a nada, la verdad. Con este típico ají se elabora la tan conocida salsa huancaína, que me fascina. 

Hoy quise usarlo en esta maravilla de potaje, a mi estilo vegano, que nos ha gustado muchísimo. Os lo recomiendo. 



Ingredientes:

- 250 gr de alubias rojas.
- 3 dientes de ajo prensados.
- 1 cebolla.
- 1 pimiento verde.
- 2 ajís amarillos sin semillas ni venas interiores.
- Aceite de oliva, sal, comino y pimentón de la Vera dulce, todo a gusto.
- Dos hojas de laurel.



Preparación:
  • Dejamos en remojo, en agua fría, las alubias o frijoles rojos desde la noche anterior. No más de 12 horas.
  • Escurrimos las alubias y las ponemos en la olla rápida con agua fría hasta que las cubra y dos hojas de laurel. Hervimos durante 30 minutos y retiramos del fuego. Sacamos el vapor de la olla, la abrimos y escurrimos las alubias sin tirar el caldo que haya quedado en la olla.
  • A parte, en una sartén grande sofreímos los ajos, la cebolla y el pimiento verde todo muy picadito hasta que esté bien pochado. Agregamos el ají a trocitos, sin semillas ni venas interiores. Si les quitamos estas partes no picará demasiado, pero dará ese toque "picantito" justo que tanto me gusta. 
  • Agregamos el chorizo vegano a cuadraditos y freímos todo junto. Ahora ponemos los frijoles, las especias (comino y pimentón dulce) y agregamos una o dos tazas del caldo que habíamos reservado de hervir las alubias. No debe quedar muy líquido solo jugoso. Mezclamos todo con cuidado. Dejamos hervir a fuego lento unos minutos y servimos.





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Polpette di melanzane (albóndigas de berenjenas).-

jueves, 21 de enero de 2016




¿Puede haber, en la cocina, algo más sencillo y humilde que una albóndiga? Normalmente se hacen de carne, pero son tan fáciles y versátiles que en los últimos tiempos las podemos preparar casi de cualquier cosa.

En la elección de los ingredientes y la salsa que las acompaña reside el éxito final y en conjunto del plato, pues ¿quién puede resistirse a unas buenas y jugosas albóndigas con una aromática y sabrosa salsa? 


Éstas hermosas "bolitas" me tienen cautivada y son muchas las versiones que ya os he ido presentando en mi Olla... a la jardinera, crudiveganas, de mijo, de frutos secos, de tofu, de avena, de garbanzos, al estilo danés, de arroz, etc. En fin, creo que no hay ingrediente que no podamos usar para realizar unas ricas albondiguillas.

Y eso es lo que hice hoy, basándome en una receta típica italiana y dejando volar mi imaginación, salieron estas delicias que sin duda no debes dejar de probar... son fáciles, económica y muy, muy sabrosas.



Ingredientes:

- 2 berenjenas hermosas.
- 3 dientes de ajo.
- 1 taza de migas de pan integral.
- 7 u 8 cucharadas de leche de soja.
- 1/2 taza de pan rallado.
- 1/2 taza de queso parmesano rallado.
- Condimentos: sal, condimento italiano con peperoncino y un buen puñado de hojas de albahaca fresca. 
- Pan rallado y aceite de oliva para freírlas. 
- Salsa de tomate casera para acompañar.


Preparación:
  • Comenzamos lavando las berenjenas, cortándolas por la mitad en forma longitudinal y haciéndole por dentro, en la zona de la carne, unos cortes transversales. Las ponemos a hervir el vapor en una olla hasta que veamos que el centro comienza a ablandarse, tardarán unos 10 minutos.
  • Las sacamos de la olla, extremos la pulpa de las berenjenas con una cucharilla y la mezclamos con un tenedor y el resto de los ingredientes bien picado en un bol grande. Dejamos reposar la masa una 1/2 hora.
  • Hacemos las albóndigas, las pasamos por pan rallado y las freímos en una sartén con aceite de oliva virgen extra hasta que estén doradas y crujientes.

Las podemos servir como aperitivo o como acompañamiento con una salsa de tomate, por ejemplo y unos spaghetti. Mmm...!!





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Pan malteado.-

lunes, 18 de enero de 2016





Este pan lo tengo preparado desde el año pasado... ¡cuánto tiempo, eh! Pero no había tenido la oportunidad de mostrároslo... Hoy lo hago con toda la ilusión, a pesar de que en las fotos aparece la fecha de anterior... jajaja!!

Antes de nada quiero dedicárselo a mi querida amiga Silvia, de Silvando Aromas, que lleva una temporadita apartada de los fogones, pero a la que quiero y echo mucho de menos; como seguro algunas de vosotras también. Silvia te envío un beso muy grande y espero, esperamos, verte muy pronto por aquí... echamos de menos tu buen ánimo y tus historias, guapa.

Que estoy loca con el pan, no es ninguna novedad para vosotros... pues ya lo demostré el año pasado, pero este año quiero seguir experimentando con las harinas, con las levaduras, con los tiempos de cocción... con las formas, las texturas, los aromas... todo lo referente al pan; y por eso, no paro de buscar distintos tipos de pan para probarlos... y este es uno de los que llevaba tiempo queriendo publicar, desde el año pasado,  y os cuento que recién horneado desprende un aroma que quita el sentío... y al enfriarse su corteza es crujiente y durita mientras que el centro es esponjoso y aromático. 

Encontrar la harina tostada de malta os digo que no ha sido fácil, pero por aquellas casualidades de la vida en Jaime J. Renobell, la venden. Es un colmado, estilo antiguo, en el que la mayoría del género lo venden a granel y me fascina... y conste que no me dan comisión por decir esto, solo que como a mi me gusta y me dan buen servicio cada vez que voy, pues por eso lo cuento por si os puede servir a vosotros. 



La harina de malta es una harina que no se puede usar en grandes cantidades, a los sumo de un 2% a un 5% del total de harina que vayamos a usar para hacer nuestro pan, pues es muy fuerte de sabor y solo sirve para realzar el sabor de nuestras masas y aportar algo de color y textura crujiente a la corteza. Así que si la usáis sed muy precavidos con ella pues si nos pasamos nos puede llegar a estropear todo el trabajo y el esfuerzo. 

Os animo, no obstante, a probar este rico pan que no tiene nada que ver con otros que hayáis probado antes... para desayunar con margarina y mermelada queda genial... así que vamos a meter las manos en la masa.



Ingredientes:

- 500 gr de harina blanca de trigo.
- 10 gr (1 cucharada sopera rasa) de harina tostada de malta.
- 10 gr (2 sobres) de levadura seca de panadería.
- 1 cucharada de aceite de oliva.
- 1 cucharada de miel fluída.
- 5 gr de sal marina (1 y 1/2 cucharadita).
- 250 ml de agua tibia.



Preparación:
  • Tamizamos las dos harinas, la sal y la levadura en un bol grande. Mezclamos.
  • Diluimos la miel en el agua tibia y agregamos al bol el aceite y el agua. Mezclamos con un tenedor y después con las manos. Hacemos un bollo. 
  • Espolvoreamos levemente la encimera  y seguimos amasando durante unos 7 a 10 minutos.
  • Engrasamos el bol y la masa levemente y lo dejamos leudar tapado con un film transparente durante una hora y media.
  • Desgasificamos la masa. Engrasamos un molde tipo plum-cake e introducimos la masa. La dejamos leudar tapada con un paño limpio durante otra media hora, o hasta que llegue al borde del molde. Mientras precalentamos el horno a 200º C.
  • Horneamos el pan de 35 a 40 minutos, o hasta que quede cocido y tostado. Dejamos enfriar sobre una rejilla metálica.





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Oxalis Tuberosa (Oca).-

jueves, 14 de enero de 2016



Realmente hoy no vengo a mostrar una gran receta, o a dar una clase de cocina, o una clase de botánica... ni mucho menos, pues no es mi intención.




Simplemente quiero enseñaros una gran sorpresa que nos encontramos en nuestro huerto justo antes de Navidad... No publiqué la entrada antes, pues he tenido un fin de año muy ocupado y como quería dedicarle un tiempito a esta maravilla, es ahora cuando os la muestro.




La oca es un tubérculo que crece en los Andes, entre 3.000 y 3.900 metros sobre el nivel del mar. Es una especie de tubérculo entre dulce y ácido (pero con una acidez muy sutil) algo parecido a la patata, pero de un color muy diferente y precioso: como véis en las fotos tiene matices rosas, anaranjados, amarillentos... Al probarlas, simplemente hervidas con un poco de sal y aceite de oliva, su sabor y textura me recordaron al bosque, a la tierra húmeda donde habían crecido y a la naturaleza salvaje de una agricultura ecológica nada invasiva, que es la que nosotros practicamos. Su textura, aroma, sabor y color me cautivaron para siempre y me enamoré de ellas.





Esta "patatita rosa" como yo la bauticé, antes de saber qué era... nos la trajo mi cuñado, Emanuel, que la había comprado en un mercado boliviano del centro de la ciudad de San Salvador de Jujuy, en Argentina. Lugar de dónde es mi marido y toda su familia.




Mi marido las sembró en junio y la producción debería haber sido para febrero o marzo de este año... pero, a causa de una gran helada que cayó a principios de diciembre, las plantitas se echaron a perder... y sin muchas expectativas comenzamos a arrancarlas antes de irnos de vacaciones... y para nuestra sorpresa (sobretodo la mía) iban apareciendo pequeñas patatitas ROSAS!!!, que en contraste con la tierra marrón se veían preciosas... y decidme algo: ¿no lo son? 





Son divinas... lo único malo... es que como eran muy pequeñas y se habían estropeado las plantas, pensamos que no daría una nueva producción este año, así que no guardamos ninguna para volver a semblar: me quiero morir... jajaja! porque a nuestro pesar, no volveremos a comer estas delicias hasta que quizás, cuando podamos ir a Argentina.... traigamos más para volver a plantarlas. 




Las herví junto con otro puñadito de patatas violetas que había comprado en el mercado y tan solo les puse un poco de sal, aceite y mozzarella fresca por encima, por lo que disfrutamos de un plato sencillo, nutritivo y lleno de sabores primarios. 

¡¡¡Os invito a disfrutar de esta fiesta de color...!!!!




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