Ensalada de cuscús integral y berenjena

jueves, 17 de mayo de 2018




Una ensalada fresca, ligera y diferente, con un toque cítrico de limón que, sin duda alguna, hace toda la diferencia. Combínala como más te guste, con las verduras que tengas en tu frigorífico, eso sí, la berenjena salteada le da un toque que me ha sorprendido bastante lo rico que está.


Amo el cuscús desde la primera vez que lo probé en Marruecos, y por eso es un cereal que no falta nunca en mi despensa. 

Esta ensalada me trajo recuerdos del sol, el verano, la playa, las largas tardes en la piscina y las frescas noches con el canto de los grillos, en el jardín de la casa de mis padres... ay, cómo los echo de menos. Pero ya falta poco para poder revivir estos momentos donde las cenas son todo un acontecimiento cada noche y no hay prisa para hacer la sobremesa. Te aconsejo que prepares esta ensalada y te sientes a charlar con tus seres queridos, planificando las próximas vacaciones... ¿qué, te apetece?




Ingredientes:
- 250 gr de cuscús integral ecológico.
- 2 berenjenas medianas.
- 1 cebolla roja o de Figueras.
- 100 gr de tomates cherry, tipo pera.
- Perejil fresco. (También le vendrá muy bien la hierbabuena).
- 2 o 3 cucharadas soperas de mix de semillas (sésamo blanco y negro, pipas girasol, pipas calabaza, lino dorado y amapola).
- Sal, aceite de oliva y limón a gusto.

Preparación:
  • En primer lugar, ponemos el cuscús en una fuente o bol grande y lo cubrimos con la misma cantidad de su volumen de agua hirviendo con una cucharadita de sal y chorreón de aceite de oliva. Tapamos con film transparente y dejamos reposar de 10 a 15 minutos. 
  • Mientras reposa y se hidrata el cuscús cortamos las berenjenas a cuadraditos de un bocado y las salteamos en una sartén grande con dos cucharadas de aceite de oliva, removiendo de vez en cuando, hasta que estén doradas y blandas. El fuego debe ser medio-bajo, para que no se quemen y sí se doren.
  • Cortamos la cebolla en juliana fina y la hidratamos en agua caliente por unos minutos para que suelte un poco el sabor fuerte.
  • Cortamos los tomates cherry por la mitad y picamos el perejil.
  • Ya estará nuestro cuscús, así que lo destapamos y lo aireamos bien con un tenedor. Mezclamos las berenjenas salteadas y agregamos la cebolla y los tomates picados. Por último, agregamos las hojas de perejil, hierbabuena o cilantro fresco. Puede ser bien picadito o en hojas enteras como hice yo. 
  • Servimos con un mix de semillas por encima, para darle un toque crujiente. Y no olvidarnos del toque de aceite, sal y zumo de limón recién exprimido.


Como veis, más sencilla no puede ser y se presta a que utilices las verduras que tengas en casa... para nada es una receta hermética que si la cambias no sale igual; ni mucho menos, al contrario, adáptala a tus gustos personales y deja volar tu imaginación. Eso sí, no obvies el perejil, el cilantro o la hierbabuena, bien frescos (lo que prefieras o todos juntos) y el zumo recién exprimido de limón... muuuucho limón!!!

photo firma_zps424f3bc9.png


 photo firma_zps424f3bc9.png







Strawberry Chia Pudding o Pudin de chía y fresa

jueves, 10 de mayo de 2018




Un desayuno, una merienda , o un postre de lo más apetitoso es lo que os muestro hoy. A estas alturas seguro que todos sabemos hacerlo, pues es fácil, rápido y está súper de moda entre los que seguimos la alimentación healthy (saludable), pero en fin, cada uno le da su toque personal o le pone los toppings que en ese momento tenga más a mano en la despensa. El pudin de chía es una preparación que me encanta y del modo que la he preparado esta mañana aún más: con leche de coco y fresas batidas.

Es una crema suave, aromática, fresca y deliciosa. Muy sencilla de hacer, relativamente económica (depende del precio de las semillas de chía) y sobre todo saludable, digestiva y versátil. Así que creo que lo tiene todo para que te animes a probarla, si aún no lo has hecho.

La leche de coco le aporta una cremosidad que no había logrado con otra leches vegetales y me ha gustado muchísimo el resultado. Cierto es que esta leche tiene más grasa que otras leches vegetales, pero como es grasa de la buena, por comerla un día o dos... no nos pasará nada. Así podremos disfrutar de un desayuno o postre, cremoso, que de verdad que merece la pena. Aprovechemos, además,  ahora que es tiempo de fresas y están en su mejor momento para disfrutarlas tanto en dulce como en salado pues tienen muchos beneficios para nuestra salud y están riquísimas.



Ingredientes:
- 3 cucharadas soperas de semillas de chía.
- 250 gr de fresas (lavadas y troceadas).
- 500 ml de leche de coco.
- 1 cucharada de esencia de vainilla líquida.
- Sirope de ágave (a gusto).

Toppings 
- Piña fresca cortada a trocitos, plátano, más fresas, kiwi... cualquier fruta que tengáis en casa.
- Copos de avena finos o copos de quinoa inflados.
- Hierbabuena.

Preparación:
  • Molemos las fresas limpias y picadas con la leche de coco y una o dos cucharadas de sirope de ágave para endulzar.
  • Cuando tengamos un batido, echamos las semillas de chía y removemos con una cuchara para que se integren bien con el batido. Dejamos reposar unos 10 o 15 minutos. Volvemos a remover muy bien. También lo podemos dejar tapado toda la noche y comérnoslo al día siguiente con la fruta recién cortada. Además, si lo guardáis en botes individuales, bien cerrados, os puede durar perfectamente toda una semana en el frigorífico e ir sacando cada mañana un botecito, añadiéndole en el momento la fruta y los toppings que más os gusten. Así no tendremos excusa para desayunar healthy.
  • Servimos en los boles o vasos de presentación y ponemos los toppings que más nos gusten por encima. 


Hoy no me enrollo mucho, pero espero que os animéis con este sencillo pudin, que os va a encantar. Os mando un beso grande y nos vemos la semana que viene con más recetas fáciles y saludables... ¿te las vas a perder?


photo firma_zps424f3bc9.png


 photo firma_zps424f3bc9.png







Guiso de soja verde o judía mungo

jueves, 3 de mayo de 2018




Y ya estamos en el mes de mayo, siento que los días se me escapan de las manos como los granos finos de arena... qué barbaridad, si no da tiempo ni de hacerse a la idea que ya hay que ir planificando las vacaciones del próximo verano... Uy, pero eso es otro tema del que hablaré más adelante.

Hoy vengo "literata", y -¿a qué me refiero con ello?-  estaréis pensando. Pues a mi pasión por la lengua y la literatura en español, que me llevó a los 18 años a estudiar en la universidad de Sevilla, Filología Hispánica, carrera en la que me licencié después de 5 largos años de estudio y esfuerzo, en los que disfruté a más no poder, pues era lo que me apasionaba por aquél entonces... después, los avatares de la vida me llevaron a venir a Cataluña, y emprender un negocio con mi marido, del que gracias a Dios vivimos desde mediados de 2005; pero qué queréis que os diga... mi vena literata me tira, de vez en cuando, y vuelvo a mis orígenes a releer, si el tiempo me lo permite, clásicos y modernos de las letras españolas.

La receta que traigo hoy no tiene nada que ver con lo que he empezado a contaros, pero sí, el mes en el que nos encontramos: MAYO. Desde los años de mi juventud, en el bachillerato, me aprendí de memoria, para recitarlo en clase el famoso y archiconocido Romance del prisionero, poema Anónimo del Romancero Viejo español, que se ha transmitido popularmente desde la Edad Media y siempre lo recuerdo cuando llega este mes...

Qué por mayo, era por mayo, 
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria 
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es día, 
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla 
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

Me sobrecoge recitarlo y leerlo una y otra vez. Qué hermoso y qué triste a la vez, ¿no os parece? Ese pobre prisionero, que se supone que está en una celda (tipo mazmorra), a la que no llega el aire limpio de la mañana, ni la luz solar por el día, pero que tiene la fortuna de oír a lo lejos a una pequeña avecilla que le canta, según él, al amanecer... qué romántico, qué poético y qué sensibilidad más pura y honesta. El poema declara la libertad de las aves, del campo y del amor en primavera, pero a la vez llama la atención sobre la pérdida de la libertad, la esclavitud y la desdicha de saber que un día puede ser privado de la vida; por eso, creo, que el cautivo supone que a la avecilla la ha matado un ballestero (con una ballesta o flecha), dejando ver que sus días quizá también están contados.

¿Conocíais este poema? ¿Lo habíais leído alguna vez? ¿Qué os sugiere a vosotros? ¿Qué interpretación le dáis? ¿Por qué no os animáis y me lo contáis en los comentarios?



No es la primera vez que la cocino en el blog esta judía mungo o soja verde, pues ya tenéis otro potaje de azukis y mungo que también está bien sabroso. 

La judía mungo, llamada en español comúnmente soja verde, en realidad no tiene nada que ver con la soja, pero la sigue de cerca en cuanto a proteínas se refiere. Además es muy fácil de digerir, por lo que si tenéis problemas con las legumbres, aquí encontraréis una alternativa fantástica para que no sufráis de aerofagia, post-lemgumbril, ni tengáis digestiones pesadas. Este es un guiso, que se hace prácticamente solo y que se digiere rápido y sin mayores problemas. Yo las cocino prácticamente igual que las lentejas y me da muy buenos resultados o también las he usado alguna vez para hacer hamburguesas vegetarianas.



El domingo pasado amaneció lluvioso y algo fresquete, así que al pensar "¿qué comemos hoy?", abrí la despensa, vi un "viejo" paquete de soja verde que había comprado el invierno pasado... y pensé: "Ya está, guiso de soja y así lo pongo el el blog, que no tengo la receta..." Dicho y hecho fue todo uno... así que ahora os propongo ponernos el delantal e ir a cocinar esta delicia que seguro os conquistará. Ah, y mientras tanto... no olvidéis recitar el Romance del prisionero, para inspiraros...




Ingredientes:
- 250 gr de soja o judías mungo.
- 1 cebolla blanca (yo usé de Figueras una variedad local de Cataluña que me apasiona).
- 3 dientes de ajo.
- 1 pimiento verde pequeño.
- 1/2 pimiento morrón rojo.
- 1 zanahoria.
- 1 calabacín pequeño.
- 1 hoja de laurel.
- Sal, aceite de oliva, 1 pastilla de caldo vegetal.

Preparación:
  • En primer lugar lavamos muy bien, en un colador grande, la soja verde o judía mungo. La ponemos a remojar de 3 a 4 horas. Escurrimos y ya están listas para usarlas.
  • Mientras se remojan las judías mungo, lavamos y cortamos a trocitos pequeños el ajo, la cebolla, el pimiento verde y el rojo, así como la zanahoria. El calabacín, lo podéis picar como yo hice a medias lunas.
  • En una olla ponemos a sofreír todas las verduras, menos el calabacín. Las pochamos bien durante unos 10 minutos y agregamos la soja verde, la hora de laurel, la sal y la pastilla de caldo ecológico. Si queréis podéis añadirle cualquier otra especia, como comino, piméntón o curry; yo en esta ocasión lo hice bien sencillo y quedó muy sabroso, igualmente.
  • Añadimos el triple de agua, que el volumen de las mungo y lo dejamos cocer por unos 30 o 40 minutos, removiendo despacio de vez en cuando. Se me olvidaba deciros que añadí las medias lunas de calabacín cuando quedaban 10 minutos para apartar el guiso.
  • Apartamos cuando las mungo estén tiernas, no recocerlas, pues al ser unas judías tan pequeñas se pueden romper fácilmente.



Nos vemos la semana que viene y espero que me contéis qué os ha parecido el Romance y el potaje... dos temas antagonistas, pero que he tenido a bien juntar hoy en esta entrada. Besos y hasta la semana que viene.


photo firma_zps424f3bc9.png


 photo firma_zps424f3bc9.png







Bizcocho de espelta con nueces pecanas

jueves, 26 de abril de 2018





Esta semana me he puesto dulce... pues sé que pronto llegará de lleno el calor y será casi misión imposible encender el horno para preparar algún dulce... así que aprovecho para publicar esta receta que tengo lista desde hace ya tiempo.

Estoy aprendiendo, poco a poco, a usar en mis dulces caseros, ingredientes alternativos (a la típica harina refinada y azúcar blanco) como pueden ser la harina integral de espelta y el azúcar de coco. Os cuento que el resultado me ha gustado muchísimo, aunque quizás si eres de los que mueren por lo dulce... en este bizcocho no encontrarás algo empalagoso y azucarado... sino más bien un sabor suave y distinto al bizcocho tradicional (con azúcar blanco) pues he notado que el azúcar de coco endulza menos y es intensa de sabor, por lo que te estás comiendo un bocado, rico, saludable y no dulce en exceso. 

La gran diferencia entre el azúcar de coco y el azúcar blanco de mesa es que este último no contiene ningún tipo de nutriente, son calorías vacías. En cambio, el azúcar de coco contiene más nutrientes que otros endulzantes considerados saludables como el jarabe de agave, el azúcar integral o incluso la miel.




En repostería está todo inventado... pero si eres atrevido/a, y te lanzas a probar ingredientes nuevos, te podrás dar el gusto de crear dulces como este bizcocho con los ingredientes naturales y saludables que vayas adquiriendo, poco a poco, para ir dándole un giro a tu despensa... giro progresivo, quiero decir, claro. Vas obviando los refinados (vacíos de nutrientes y llenos de calorías) por los productos integrales, de grano completo, naturales, en muchos casos ecológicos y llenos de sabor y nutrientes beneficiosos para nuestra salud. Así, te podrás dar un gustito al paladar, para organizar una merienda improvisada y deliciosa. ¿Quién quiere un trozo de bizcocho? Estáis invitados...




Ingredientes:
- 2 tazas de harina de espelta (300 gr.).
- Un sobre de levadura para repostería ecológica (la mía de Conasi).
- 1/2 taza de aceite de girasol ecológico (primera prensada en frío, 120 ml.).
- 1 taza de azúcar de coco (200 gr.).
- 1 huevo ecológico o de gallinas felices, criadas en libertad.
- 1 taza de leche de soja sin azúcares añadidos (250 ml.).
- 1 taza de nueces pecanas troceadas (120 gr.).
- Ralladura o trocitos de naranja seca, estas que veis en las imágenes son del huerto de mi padre, que me mandó unas poquitas el invierno pasado y aproveché para secar su cáscaras, pues eran ecológicas (opcional).

Preparación:
  • Precalentamos el horno a 180ºC  y engrasamos con margarina y espolvoreamos con harina un molde rectangular (tipo cake inglés) de unos 22x10 cm. Mi molde era de silicona, así que no tuve que hacer este paso.
  • Mezclamos la harina de espelta con la levadura de pastelería en un recipiente grande.
  • A parte, mezclamos el aceite, con la leche de soja y con el azúcar de coco. Añadimos el huevo y la ralladura o trocitos de naranja.
  • Poco a poco agregamos la mezcla de ingredientes líquidos a la harina, que teníamos reservada en otro bol, y mezclamos suavemente con una espátula de silicona hasta integrar todos los ingredientes. Por último, cuando tengamos la masa, ponemos las nueces picadas a cuchillo y volvemos a remover para que se integren bien.
  • Vertemos en el molde reservado y llevamos al horno durante 45 a 55 minutos. Hay que ir vigilando y hacer la famosa prueba del palillito de madera; a media cocción si veis que se os está tostando demasiado, cubrid el pastel con papel de aluminio y seguir horneando. Aún así, este es un bizcocho más morenito de lo que estamos acostumbrados, pues el azúcar de coco le aportará ese bonito color dorado a la masa.


¿Y a vosotros os gusta merendar en el fin de semana...? Espero que os haya gustado mi bizcocho y os animéis a hacerlo, es súper fácil, y de verdad, que queda riquísimo.
Besos y hasta la semana que viene.

photo firma_zps424f3bc9.png


 photo firma_zps424f3bc9.png







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...